Llegó abril y empezamos a pintarnos de política: Banderines por encima de las calles, afiches en todos (todos) los postes, letreros por doquier... En fin, mayor propaganda de la que veremos jamás respecto al cuidado ambiental o alguna otra actividad benéfica que no traiga gratificaciones lucrativas.
Como pueden adivinar, critico este patético intento de recolección de votos, sobretodo porque no entiendo cómo el ver la cara del mismo candidato cinco veces en un mismo poste, siete en el poste siguiente (a diez metros de distancia) y así, hasta haberla visto cincuenta veces en un espacio de veinticinco metros, va a incentivarme a votar por esa persona (que de hecho me fastidia tanto que logra lo contrario). ¿Supongo que nos expone a algún fenómeno publicitario o psicológico de familiarización, y al estar acostumbrados a verlo pensamos que lo conocemos nos hace sentir confianza y entonces votamos por él? ¿Es esto realmente más efectivo que publicitarse de alguna otra manera que no contamine y que deje secuelas positivas, como realizar trabajos sociales por ejemplo? Ya, pero ¿qué trabajo social puede hacer un aspirante a diputado? Además, qué les importa que lo conozcan cincuenta personas de un pueblito dentro de la montaña que tal vez ni siquiera vayan a votar, cuando puede invertir dinero para adornar toda la ciudad con su linda cara. Nótese el sarcasmo.
Además de lograr tanto contaminación física como contaminación visual, realmente este bombardeo de retratos políticos en la calle me parece poco efectivo. Hay tantas caras que ya ni sé quién quiere ser qué, para quién ni cómo se llaman. Adornen las calles, sí, pero con prudencia. Como ya mencioné, ni sé quiénes son ni como se llaman, pero en la Avenida de la Amistad TODOS los postes están llenos del mismo afiche desde arriba hasta abajo. Entonces, ¿acaso es que le dan oportunidad a los conductores para de verdad no perderse ni un detalle de aquella información? Si alguien me explica por favor, se lo agradecería.
Por cierto, si alguno de ustedes conoce a Víctor Juliao, por favor infórmele que poner letreros cuya base termina justo a la altura del panameño promedio es una muy mala idea. No creo ser la única con un chichón en la cabeza por su brillante medición propagandística.
Y, nos pintamos de política. En vez de pintarnos de blanco por la paz o de verde por la ecología. O simplemente de pintar nuestra ciudad que a algunas áreas tanta falta les hace. Como siempre, nos damos cuenta de que aquí nadie piensa nada nuevo y el de atrás siempre se pone los zapatos del de adelante (este comentario no tiene nada que ver con Martinelli). Seguimos con la propaganda política adornando las calles en vez de buscar formas de promoción más eficientes y de beneficio público. Y es que, después de todo, ¿de qué color es la política?